¿Cómo se aprende a enseñar? La respuesta a esta sencilla pregunta nos dice mucho de la forma como una sociedad, una profesión o cualquier persona entiende la educación y su función. En demasiados países, la respuesta a la cuestión ha sido (y lamentablemente sigue siendo): se aprende a enseñar enseñando. Sin embargo, un número cada vez más creciente de países han admitido la necesidad de cuidar al docente que empieza. En algunos casos, debido a las altas tasas de abandono de la docencia en los primeros años y, en otros, por un claro compromiso con la calidad educativa.

Décadas de investigaciones han mostrado que los primeros años como docente son intensos tanto en el aspecto profesional como personal. Estrés, insatisfacciones, inseguridades… afectan a los docentes que empiezan a enseñar. Podríamos considerarlo como algo normal en el inicio de cualquier ejercicio profesional, puesto que así ha sido durante mucho tiempo. Pero olvidaríamos que los efectos de estas tensiones no recaen solo en los docentes que se inician en su labor. Los damnificados son el alumnado de esos docentes principiantes. Para ayudar a los docentes noveles a afrontar estos problemas y a aprender el lenguaje de la práctica, los sistemas educativos han establecido lo que se ha denominado programas de inducción a la enseñanza. Estos programas representan una respuesta adecuada a las necesidades de los docentes de nuevo ingreso.

Este libro se centra en presentar una conceptualización del periodo de inducción a la docencia y, especialmente, en describir ejemplos de programas de inducción que se vienen desarrollando con éxito en algunos países de nuestro entorno.

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